FAUSTINO: un compañero, un amigo

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Faustino García Fraile, nuestro compañero nos ha dejado el 12 enero

FASUTINO 01

Arenense orgulloso, trabajador desde la infancia, albañil, emigrante, experimentado montañero, pequeño constructor e historiador local, poeta, republicano convencido, hombre de grande personalidad y carácter, fuerte como el granito de nuestra sierra ha tenido, sin embargo, que rendirse aún demasiado joven a las meteduras de pata ajenas y al destino.

FASUTINO 02

Compañero de camino de Slow Food desde su creación en el Valle del Tiétar (a pesar de su conocida alergia a los carnets) ha sido un enganche fundamental para la consolidación de nuestro convivium en este territorio. Su entusiasmo, sus sopas de tomates y sus historias y conocimientos han sido esenciales en nuestro proceder y su muerte nos deja, incrédulos y aturdidos.
Faustino lo había aguantado todo: la muerte del padre fallecido horriblemente defendiendo el bosque de las llamas, el destierro de la emigración a Suiza, la terrible perdida de su hijo Felipe cuando sólo tenía diez años, el primer aviso con la operación a vida o muerte de hace seis veranos. Siempre sobreponiéndose, siempre protagonista, siempre activo, siempre tirando hacia delante. Gran montañero, y no sólo en estas sierras, sino también en expediciones en Himalaya y en Pamir, no perdía ni en esos viajes su profunda humanidad como demuestra en el poema.

A LA INOCENCIA
Adónde está la respuesta
¿alguien me la puede dar?
pues si la muerte es inútil,
la de un niño, mucho más.
Dónde nació el egoísmo
de querer sangre y matar
la vida de los humildes creyendo que vencerán.

Dónde está quien invento
la guerra con su verdad,
son los genes de los hombres que queremos siempre más,
aunque al cerrar nuestro libro
nada podemos llevar.
Donde está, Dios, la alegría
yo no veo la amistad
con las gentes de Etiopía
ni los pobres de Nepal.

Adónde está la respuesta
¿alguien me la puede dar?
pues si la muerte es inútil
la de un niño mucho más

Autodidacta a la vieja usanza, a veces provocador (era un ecologista a su manera que gozaba de los toros), era amigo de sus amigos, estuviesen donde estuviesen políticamente. Pelos en la legua: más bien pocos. Había que vivir, había que amar, había que compartir, había que pelear, había que aceptar ser contradictorios, había que gastar bien nuestra vida. Tenía dos estrellas, Ana y Cristina, hijas estupendas con unas carreras que le llenaban de orgullo, y un sol: su mujer Pachu (Mari), nuestra querida compañera con la que compartió la segunda mitad de su vida y la última “empresa”: la Taberna – Museo de Arenas, donde le dio tiempo organizar y exponer muchos de los aperos, de las herramientas, de los vestigios de la antigua civilización campesina arénense que tanto conocía y amaba.

La cultura popular, de la que veía horrorizado que tanto arénense abjuraban, “por borregos”, como él decía, y por “falta de lecturas y de haberse oreado” (léase: haber visto mundo, haber tenido curiosidad). Sin embargo, escuchándole hablar y contar uno acababa dándose cuenta de cuanta razón llevaba aquel señor que sostuvo que lo universal no es, en realidad, otra cosa que lo local sin fronteras.

A LA PACHU
Poco más puedo ofrecerte
Que este trozo de mi vida
Hoy me dicta el corazón
Por ser tú… mi buena amiga

Una de las cosas que más le enorgullecía, además de la familia y de la adorada sierra de Gredos y los ríos donde había pasado la juventud pescando truchas con las manos para alimentarse, era haber podido recuperar, tras un concienzudo estudio de mapas y de antiguos documentos, varias hectáreas de propiedad comunal que habían sido arrebatadas al pueblo y al ayuntamiento de Arenas en el siglo pasado. Nos lo contaba presumiendo sanamente de ello a lo largo de las marchas por La Berroquera y el espaldar de los Galayos, divisando esas tierras desde arriba, o en la barra de la taberna tomando una copa de vino y torreznos.
Sin embargo ya no está, la verdad no se puede borrar y el dolor no se puede reprimir. Tiene que aceptarse, hasta cuando no consiga transformarse en dulce recuerdo. Frente a la dimensión social e la muerte, hoy en día nuestras armas parecen algo romas. La red de relaciones afectivas puede ser un sostén, aunque es sólo dentro de uno mismo donde se debe y se puede encontrar el valor difícil a la par que necesario para aceptar lo que ha sucedido.

Adiós Faustino. Mari, Ana, Cristina…os queremos y aquí nos tenéis.

VISTA
Dime amigo jabalí
Po que vienes a mirarme,
¿no ves que fui cazador
Y podría dispararte?
Sabes que estoy desarmado,
también te pido perdón,
quieres que deje tu trocha,
que bello eres mamón.
Adiós, amigo celoso,
me voy de tu territorio,
estoy armado de pluma,
en otro tiempo de odio.

(De su libro Canales de Soledad)

Slow Food Gredos – Tiétar 16 de febrero de 2015

Os invitamos a esta lectura:
http://www.interviu.es/reportajes/articulos/desmemoria-historica-en-el-pueblo-del-ministro
http://es.scribd.com/doc/27285214/Recorrido-Poetico-de-Faustino#scribd

y a este video
https://www.youtube.com/watch?v=wwvpWJVLtRY

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